Mis raíces, el lugar donde siempre regreso.

La foto que acompaña es de hace muchos años, ninguno está tan guapo/a, ni tan joven, pero seguimos siendo los mismos, unidos por idéntico vínculo de amor. Empiezo dando las gracias a todos y cada uno de ellos, la familia donde nací, donde crecí y que continua a mi lado, incorporando a todos los que vinieron después (parejas, nietos,…). Me reconforta la entrega generosa a este hijo, hermano, padre, cuñado, tío….que se ha “changao” antes de lo previsto.

Gracias a estos dos fenómenos, mis padres, Manuel y María Luisa, a los que llamo papis. Les seguimos dando guerra en todo momento y, aunque ambos ya han apagado alguna vez las velas en la tarta con el 8 de primer dígito, están en plena forma y nos sostienen con mucha energía a todos… ¡como han hecho siempre!

Desde el día en que me hago consciente que esta enfermedad ha venido para quedarse conmigo, los he sentido muy cercanos a todos. Ahora hago extensivo este sentimiento de proximidad también a la familia extensa, a los que comparten conmigo uno de los dos apellidos: tíos y primos. Recientemente, y con motivo de mi enfermedad, hemos vuelto a reunirnos todos los primos, los Sánchez o los Becerra, y ese momento de convivencia, en ambos casos, fue entrañable y divertido. Todos pusimos de nuestra parte, especialmente quienes se encargaron de convocar y organizar. Para encontrarnos, retornamos a la tierra de nuestros padres: Jarandilla de la Vera y Solana de los Barros (padre y madre). Volver a recorrer cada uno de estos pueblos, visitar monumentos o paisajes de mi infancia, me permitió sentir la fuerza de nuestros orígenes, y una gratitud profunda. Volver a sentir la tranquilidad de quien regresa a casa.

En cualquier encuentro familiar, las comidas, son una parte imprescindible donde cada uno aportamos un poco para disfrutar muchísimo. En la SanchezParty de 2018, me perdí el menú por primera vez, ya no podía comer nada, aunque valorando el aumento de peso de mi mujer y mi hijo debió valer la pena.

Me impactó el vídeo-fotograma que proyectó nuestro sobrino Víctor. Es muy emocionante recordar cómo éramos cuando todos teníamos muchos años menos, aún en blanco y negro y aún llenos de salud. Echamos mucho de menos a mi primo Antonio, que se nos fue hace unos años, y a su hermano Manolo que no pudo acompañarnos este fin de semana.

Unos días después, y con el calor en el corazón del agradecimiento a esta familia grande, nuestro primo Pedro nos escribió estas palabras:

-«El día de nuestra reunión, Marieta me pidió unas palabras por ser casi el mayor del grupo de primos que estábamos allí y como ese “privilegio “no me correspondía a mí, pues cedí la palabra a mi hermana que, aunque escueta inauguró el evento familiar.

Pero me quedaron palabras en la garganta y sensaciones en el corazón que me gustaría expresar: hemos logrado unirnos todos, y ojalá que esta emoción seamos capaces de revivirla con generaciones venideras, (….). Cuando escuchamos la llamada de la sangre, algunos la compartieron desde el cielo, y sumaron sus almas a la celebración. Están aquí con nosotros, no falta nadie, el ánimo revive, el corazón salta a medida que se suceden los abrazos, abundan los besos, la nostalgia, las preguntas …

Abrimos el apetito, compartimos los recuerdos, chocamos las copas y miramos al futuro preguntándonos cómo es posible que tardemos tanto en reunirnos y decidimos que la próxima vez no puede tardar tanto …

Los niños han crecido, los mayores también y los del medio nos recuerdan lo mayores que somos los mayores.

Una estancia sencilla fue suficiente para armar la algarabía, fuimos un todo de risas, de bailes de fraternidad de lazos de sangre … sobre todo de lazos de sangre.

Una música profesional, el arte de los del sur, la brillantez de los bailongos, los guisos de la tía Mari, la hospitalidad de los de Jarandilla … de nuevo las risas, los abrazos y el clima de amistad, de familia, eso sí separada por la distancia, pero unida por los recuerdos, por la sangre.

Es de esas experiencias que se guardan en la retina, en el corazón y en el alma

Dios nos libre de pensar que esto se puede acabar jamás

No quiero despedir estas letras sin agradecer a todos el esfuerzo por estar, y que los hados no se olviden de darnos salud a todos para juntarnos mil veces, para no olvidar que los Sánchez somos una familia hecha de fuerza, y de cariño forjado a base de fomentar la unidad de la familia«.

La otra parte de la familia, los becerritas, hace más tiempo que no nos encontramos todos (dos años, casi), pero nos seguimos muy de cerca. Siempre que viene nuestro Hermano Marista, Pepe Luis, desde Valencia, busca un hueco para acercarse a «charlar» un rato conmigo. Le acompaña normalmente Alberto y pasamos unos ratos fantásticos, si hace buen tiempo, nos damos hasta un bañito en la piscina. Charly, desde Navalmoral, se acerca y, como es médico, me surte de buenos consejos. Un lugar privilegiado tiene mi primo Jesús, que se está dejando la piel por ayudarme a dejar mis asuntos en orden para el futuro de mi familia, con la ayuda de mi hermano Alex. Gracias a ellos, podremos finalizar los expedientes de los juzgados. Están siendo muy generosos conmigo.

Entre los otros primitos, está el gran Fernando, quien ha sido más que un hermano durante los treinta años que hemos convivido en las empresas del grupo Afimec. Lo recuerdo y echo mucho de menos, agradezco cada visita que me hace cuando viene por nuestra tierra, después de tener que emigrar, También siento cercanos a sus hermanos y hermana, a los que profeso enorme admiración, y, por supuesto, a tita Carmen que se ha convertido en la número uno de la familia dando visibilidad a la ELA en Tierra de Barros.

En mis raíces, están por supuesto mis hermanos y hermanas, todo el día pedaleando a mi lado, acompañados de sus familias. Ellos han logrado que sea más llevadero este camino y por ello les estoy, y estaré, eternamente agradecido. Algunos vienen a acompañarme al hospital, consultan a los médicos y se van haciendo “expertos” en esta enfermedad. Llevan ya peleado lo suyo a mi lado. Están también mis cuñados, los siento tan cerca, que parecen hermanos; también a los sobrinos, que están aprendiendo mucho de lo que significa la ELA y ayudando un montón en lo que pueden, sobre todo en hacer sonreír a su tito. Mis raíces me hacen mucho más fuerte y capacitado para enfrentarme al día a día.

Y él. Hace más de treinta años, que vino al mundo una criatura, a quien bautizamos con mi nombre y, de segundo apellido, Alegre, por su madre. Siempre conmigo, con la sonrisa de ese apellido, hasta se pinta el pelo de verde si tiene descanso o le dejan las guapas chicas que le rodean. El mundo laboral lo tiene un poco secuestrado y no para de viajar, aunque estas Navidades le han impuesto unas buenas y largas vacaciones.

La mujer más grande, paciente, honrada, guapa y afectuosa: Rosa, ha optado por seguir casada con un “changao”. Esta decisión es valiosísima para mí. Su familia, es también la mía. Echamos mucho de menos a su hermano Ramón, una buenísima persona que ha dejado una familia encantadora, y que está siempre a nuestro lado.

Para terminar, éste ha sido el último regalo de la familia: mi sobrino-nieto y ahijado. Con el pulgar hacia arriba y la sonrisa grande. Todavía, cuando le veo me parte el corazón. ¡¡Alvariño, te quiero mucho!!

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