En el campo … HAY MAS VIDA

Siempre he pensado que el campo era un buen sitio para vivir, donde no hace falta nada, el aire es más limpio que en la ciudad, la piscina está abierta las veinticuatro horas del día, las tareas manuales ayudan a hacer ejercicio físico y a mantenerme en forma. Siempre hay algo que hacer: las plantas crecen sin control y hay que indicarles el “camino”, el sol las deja un poco secas y hay que regar de forma uniforme. Los sonidos son únicos, hay animales viviendo cerca que no paran de hablar entre ellos con sonidos que te calman el ánimo de forma continua.

 

Vivir en el campo, es una buena opción, le voy a preguntar a mi mascotilla a ver qué me dice. Parece que le gusta también, aunque si dejo la puerta abierta, prefiere descansar dentro de la casa en lugar de tumbarse en el césped. ¡Está acostumbrado a las comodidades!

Una de las cosas que me preocupaban es estar “conectado” con el mundo desde aquí. Acabo de verificar que, gracias a una conexión inalámbrica a internet tengo acceso a todo, desde el móvil, la tablets y el portátil, pudiendo incluso hacer tareas contables (con la aplicación de DATISA) que sean precisas para seguir adelante en los pasos que estamos dando en el concurso de la empresa.

Hoy, a principios de julio, la temperatura no me ha animado a meterme en el agua, pero sí a trabajar en el jardín. Mi fuerza no es la misma, así que me tengo que apoyar en una silla para trabajar en las posiciones cercanas al suelo y llevar una carretilla de apoyo para meter y sacar lo necesario. Quiero seguir en contacto con la naturaleza, más y más en cuanto me sea posible. Quiero respirar aire puro a la vez que hago los ejercicios respiratorios que me recomiendan tanto en fisio como en logopedia.

Por último, solo puedo agradecer a todos los que han hecho posible que esta casita esté cómoda, accesible, cercana y me permita tener dispositivos para la alimentación por sonda, así como una nevera compartida para guardar los batidos del día a día. Este año, hemos realizado una reparación importante, la piscina tenía demasiadas grietas y había desperfectos en la casa, así que hemos realizado una restauración considerable liderada por el amigo Justo Barrantes. ¡Da gusto ver cómo ha quedado! Incluso he invitado este año a los amigos a pasar por aquí.

Terminando el verano, nos quedamos a dormir en VillaMar rodeados de vegetación y silencio. Rosa, me ha dado una paliza jugando a las cartas y Sucre (nuestro perrito), prefiere estar dentro de la casa con nosotros antes que irse a dormir al césped. La verdad es que nos acostumbramos a vivir en los edificios de las ciudades, sin contacto con la naturaleza y los sentidos se van deteriorando con el paso de los años, por eso esta experiencia me hace volver a la infancia, rodeado de plantas en la casa del pueblo, con los viñedos y los olivos a dos pasos. Por esto, estoy muy animado a seguir #adELAnte con esta iniciativa campera.

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